jueves, 21 de marzo de 2013

Mortal succión


Entraba el sol por la ventana, el toquido repicante de la puerta avisando la entrada permitida o no de la enfermera. - Buenos días Sr.- bajo las sábanas descansaba el apenas palpitante cuerpo de un hombre, no sabría reconocer su edad pero pisaba el séptimo piso de su vida, rozando el octavo quizás. En cuanto abrió los ojos lagañosos refunfuñaba sin sentido y tocía de un modo preocupante. La enfermera pasó su mano por la arrugada frente y lo sentó sobre la cama. Sobre sus piernas colocaba una charola con el desayuno, misma rutina: un plato con avena, puré de frutas y un cóctel amplio de pastillitas de todos colores, tamaños y procedencias. Su gesto helaba mis huesos a pesar de que sabía que era mi trabajo, sentía una profunda melancolía llenar sus ojos y recorrer su rostro hasta sus labios. La enfermera se sienta junto a él y comienza a hablarle, no escucho solo veo sus labios moverse con ternura. Lo levantaba poco a poco de la cama hasta acercarle su moderna andadera y ponerlo de pie, el daba 5 pasos hacia el baño. De pronto volví a escuchar a través de la puerta, la regadera. Sale ya vestido con un pantalón de resorte y una camisa manga corta. Sentía que me miraba, sabía que me miraba, no me gustaba ya mi trabajo. Se sentaba junto a la ventana y ella le acercaba el tablero de ajedrez. Unas cuantas jugadas mediocres y él se desesperaba, no recordaba. Comenzaba a llorar en silencio mirando hacia la ventana, una vez más yo no le escuchaba. Ella acariciaba sus manos y conversaba. Volví a escuchar. Él le contaba cosas de su pasado, cosas que entre sus arrugas se escondían pero que él no recordaba del todo, casi todo lo había olvidado. Debía cumplir mi tarea esa misma noche, - Se encuentra solo, que más da-pensaba yo. Pero cada día que pasaba me sorprendía más la soledad de aquel hombre. Evitaba recordar sus gestos de amargura, sus intentos retorcidos por traer a su mente viejas memorias. Cada día olvidaba algo más. Llevaba yo meses observándolo, no suelo hacer eso, yo sólo ocurro, no espero, pero él era diferente, era triste. “¿cómo los hombres desprecian el camino recorrido, como llevan a sus propios padres al aislamiento de una cama o un cuarto vacíos, por que los hombres se dejan hundir en la enfermedad, por que debían dejar de pensar y de esforzar sus cerebros y sus cuerpos hasta irlos dejando como telas de seda? “ Aquella noche no pude más, decidí hacerlo mientras dormía, no quería verlo sufrir. Me abalancé sobre su cuerpo con una gracia inigualable, acaricié su rostro y succioné su alma para siempre.
-Fa-

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